Picos del infierno


ROCA DE APARIENCIA OXIDADA COMO EL HIERRO VIEJO

Unas cuantas curvas más y ya se presagiaba el fin de esta mareante carretera, mil curvas que nos hacían recordar el desayuno tomado casi de madrugada. Tuiza de arriba aparece ante nosotros, solitario y casi abandonado pero con ese aire acogedor y nostálgico de los pueblos que guardan el espíritu montañero de tiempos pasados. Ya pertrechados con lo que creemos necesario dentro de nuestras posibilidades y después de echar una última mirada hacia atrás (no sería la primera vez que algo se queda tirado en el suelo al lado del coche). El camino, senda cruza el pueblo y asciende de forma súbita hasta encaramarnos en pocos metros sobre los tejados, algún perro nos da la bienvenida o nos despide, o tan solo nos pretende alejar de sus dominios. El frio helado de la mañana tomado a tragos cada vez menores, nos colma de sensaciones ya vividas y gratificantes. De aquel mareo ya no queda nada, bromeamos con el recuerdo de alguna arcada inesperada mientras ascendemos paso a paso por el empedrado camino. El sol que ya luce esplendido en lo alto nos calienta y reconforta la cara. A la espalda las pesadas mochilas que cargadas con cuerdas y clavijas para la escalada, una pequeña tienda iglú, los sacos de dormir y las colchonetas auto inflables asi como los múltiples trastos necesarios para pasar los tres días con un mínimo de comodidad, les confieren un aspecto fofo y con michelines que a ojos de los nativos del poblado habrá sin duda de parecer simpático, cuando menos

 El sendero pasa alguna portilla de hierro que dejamos cerradas una vez al otro lado. En algunas ocasiones, el ganado que pasta en el puerto, enfilo camino abajo, como si no tuviesen bastante comida con el exuberante verdor del puerto allá arriba, como procesionarias con el consiguiente enfado del campesinado acordándose de los antepasados de cuanto montañero se le cruzase con ellos ese día

 Llegamos al refugio, y nos dirigimos a su fuente abrevadero, extenuados y sudados, hacerse de un tirón toda la ascensión hasta aquí tan cargados es tarea ardua, pero si no se hace de esa manera, no se ve avance. Peña Ubiña nos saluda con esos reflejos que solo esta montaña presume y mientras nos despojamos de la pesada carga admiramos nuestro alrededor. A mí me sobra el anorak (que aun no siendo muy pesado ni de esos bien caros con los que te sientes en el mismísimo infierno cuando hace calor).tengo la espalda hecha un charco, me quedare solo con el forro polar y sin nada bajo el. La camiseta la remojo en la fuente y la pondré a modo de turbante, de paso que se seca me hace el favor de refrescarme la cabeza. Mi hermano que ya está con la mochila puesta y con un mapa entre sus manos, me llama la atención mientras ando en estos quehaceres, con su brazo extendido me indica la ruta a seguir

 Ascendemos por la margen derecha del camino que aquí se bifurca, a la izquierda se dirige por una serie de terrazas poco marcadas hacia el collado de Cerreos, ruta obligada para la ascensión de las Ubiñas. La ruta que seguiremos nos obliga a ascender la ladera bien empinada que da acceso a los Fontanes y Picos del infierno, este nuestro objetivo

 Son estos picos una serie de escarpaduras formadas a partir de la erosión de una gran mole rocosa de apariencia oxidada, oscura como el hierro viejo y a la que su nombre le va como anillo al dedo. Verticalidades de roca descompuesta que no dan precisamente tranquilidad durante la escalada

 Ya coronamos el punto más alto de la ladera y nos queda la bajada hasta alcanzar el lugar de acampada, un amasijo de piedras nacidas en épocas de glaciaciones que forman la morrena difícil de transitar…

Arboles en el cortado


El circo de Bujaruelo fue un gran descubrimiento para mí, fue como encontrar ese lugar en el que sientes que ya has estado y al que he regresado año a año como en peregrinación, sus montañas. Las cristalinas aguas repletas de torrentes del valle de Cotatuero y los riscos que lo circundan colmaron mi afán montañero y artístico

Había sido este, un día de los que apenas cuenta el ir y de los que el regresar es lo único que quedara bien grabado en el rincón de los recuerdos. Un descanso para comer un pedazo de pan y una recurrente lata de atún y tras ello, sacar la libreta y comenzar a dibujar. Me había fijado en un grupo de arboles que no parecían tener relación con el resto del paisaje y que parecían asomarse al borde de un cortado…

Cascadas y torrenteras


El manantial


Origen de las aguas, y del verdor

Pared


La verticalidad

Un hito en el camino


Cuando la unica referencia para continuar por el buen camino es el amigable montoncito de piedras

El torreon



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Pasion por las montañas